lunes, noviembre 28, 2005

Tematizar la investigación bibliotecológica: IV. El papel de la biblioteca como institución social

La institución es el mecanismo con que la sociedad organiza, orienta y realiza las actividades que llevan a satisfacer sus necesidades humanas y a aportar valores o significados culturales. Para entender la biblioteca como una institución social, puede partirse de la definición que ofrece Luciano Gallino en su Diccionario de Sociología, según la cual toda institución es un:
“Conjunto de valores, normas, costumbres que con diversa eficacia definen y regulan en forma duradera, independientemente de la identidad de las personas individuales, y en general más allá de la vida de éstas: a] las relaciones sociales y los comportamientos recíprocos de un determinado grupo de sujetos cuya actividad se dirige a conseguir un fin socialmente relevante, o a la que se atribuye de alguna manera una función estratégica para la estructura de una sociedad o de sectores importantes de ella; b] las relaciones que un conjunto no determinable de otros sujetos tienen y tendrán a diverso título con ese grupo sin formar parte de él, y sus comportamientos respecto de él”.
Así pues, una institución social es una estructura organizada y estable de valores, normas y procedimientos que integran a un grupo de personas con la finalidad de satisfacer una necesidad social.
Toda cultura posee una organización social que está determinada por sus instituciones sociales. De acuerdo con lo expuesto por Jesse Shera
[1], quien a su vez se basa en William Graham Summer y en Lowell Martin, para exponer dos conceptos de institución social, se tiene que, por una parte, la institución surge de una costumbre y se compone de un concepto, un sistema teórico que la justifica y la explica, y una estructura que consiste en: el personal calificado, la tecnología y las técnicas que les permiten realizar las tareas, la organización en un sistema de trabajo con responsabilidades, y lo que Shera denomina “el ritual”, que consiste en un conjunto de costumbres, reglas y ceremonias grupales que regulan el comportamiento institucional de los miembros.
De otro lado, también se concibe como institución social a la entidad o práctica que genera una sociedad para que desempeñe un servicio específico.
Según lo anterior, en este trabajo se considera a la biblioteca como una entidad genérica que alude a los distintos tipos de unidades de información que estudia la bibliotecología, tales como las bibliotecas escolares, públicas, académicas, especializadas y centros de documentación. En tal sentido, se asume a la biblioteca como una institución social en tanto que entidad universal, y a los distintos tipos de bibliotecas como organismos sociales concretos, y según la concepción de Jesse Shera, como organismos de comunicación gráfica. Igualmente, de la biblioteca como institución social se derivan organismos sociales tales como las profesiones de bibliotecólogo, documentalista y bibliógrafo, y las asociaciones que aglutinan a estos profesionales como, por ejemplo, ASEIBI, ASCOLBI, ALA, IFLA, FID, etc.
Para Shera, al proponer una teoría unificada de la bibliotecología, la biblioteca como institución social tiene la finalidad de servir a la cultura y es un organismo de comunicación, en tanto que el bibliotecólogo desempeña el papel de mediador entre los seres humanos y sus registros gráficos. Así, el registro gráfico se erige como el concepto central de la bibliotecología, con el cual se realizan los procesos de adquisición, organización y diseminación, que constituyen los aspectos operativos de la profesión, la cual busca cumplir los objetivos de la biblioteca mediante unos recursos básicos que son las colecciones de registros gráficos y las habilidades o capacidades intelectuales para cumplir satisfactoriamente con los aspectos operativos.
Históricamente, se atribuye a la bibliotecología socialista la primera y más importante contribución a resaltar la valoración del papel de la biblioteca no sólo como un componente clave en el sistema social de comunicación sino, fundamentalmente, como parte orgánica de la vida social, económica y cultural de un país y como institución formadora de la conciencia social. La biblioteca ocupa un lugar central en la estructura de la circulación y la utilización social de los libros, de la orientación de la lectura y del servicio de información a la población, y como el espacio propicio para la formación de una personalidad armónicamente desarrollada, esto es, la biblioteca como base de la educación en tanto contribuye a la formación del aspecto espiritual y de la conciencia política y social del hombre, y como centro de divulgación de los logros de la ciencia y de la técnica: "La biblioteca es una institución ideológica y de información científica"
[2], que orienta la labor educativo-cultural y de información a toda la población.
La biblioteca se considera, pues, una institución social tan importante como la escuela o la empresa, máxime en el tiempo actual, cuando la información se ha convertido en un componente fundamental de la dinámica mundial en todas las actividades humanas. Así, en la biblioteca se realizan actividades que contribuyen a la creación y transmisión de valores o de significados, cuyo fin es modelar el comportamiento social mediante la formación de las personas y su integración a las convenciones y estructuras culturales por medio del libre acceso al conocimiento contenido en los registros gráficos.
En el cumplimiento de su misión, la biblioteca es la institución social llamada a orientar a la comunidad hacia la información y a la información hacia la comunidad, y a capacitar a ésta para el manejo y aprovechamiento racional de los recursos tecnológicos e informacionales. Desde el punto de vista vital, según el enfoque orteguiano, mejorar las posibilidades del acceso a la información significa, por una parte, capacitar a las personas que integran un grupo social en el desarrollo de habilidades para el manejo de las herramientas necesarias para tener acceso a la información y, por otra, estimularlas para que se haga un uso adecuado, inteligente y creativo, de esta información, que es un componente esencial en la toma de decisiones que contribuyen a la formación del ethos personal y colectivo, sin el que no es posible el diálogo intersubjetivo mediante el cual se determinan los mínimos éticos necesarios para la convivencia y la construcción del mundo en comunidad, porque como lo sugiere Shera, la biblioteca como memoria de la cultura, debe ser una memoria que no sólo trabaje hacia atrás, hacia el pasado, sino una memoria que trabaje hacia delante, en un sentido futurista o prospectivo.

Por esto, si hay algo que caracterice a la biblioteca a lo largo de la historia de la humanidad, es que ésta siempre ha estado en crisis. La biblioteca nunca ha dejado de ser un lugar privilegiado y a la vez amenazado. Constantemente ha sido el estandarte de los poderosos para exhibir la grandeza de su vanidad, pero también siempre ha sido el lugar más vulnerable y duramente atacado en las épocas de crueldad y destrucción.

Igualmente, la biblioteca es el lugar —tal vez por ser el continente del conocimiento— que ha tenido que transformarse al ritmo de los cambios culturales y tecnológicos. Aunque en cada civilización la existencia de la biblioteca y su viabilidad se hayan puesto en tela de juicio, a pesar de las guerras y de las pobrezas, se siguen construyendo bibliotecas. La biblioteca es el espacio de la crisis permanente y, por lo mismo, es el lugar que tiene asegurada su permanencia entre los humanos.

La biblioteca es una de las instituciones sociales más antiguas que la humanidad ha erigido no sólo como lugar donde se almacena y conserva el conocimiento, sino como lugar de encuentro de sujetos que intercambian ideas y sentimientos, y donde éstos se encuentran —mediante el conocimiento registrado— con las generaciones pasadas y con sus contemporáneos que están distantes geográficamente. Pero al mismo tiempo, la biblioteca como institución social, siempre ha tenido futuro porque ha sabido adaptarse a toda clase de cambios impuestos por las diferentes sociedades que históricamente han habitado el mundo.

La biblioteca es la institución mediante la cual la sociedad provee las condiciones que permitan a sus integrantes el acceso a la cultura, es decir, la biblioteca posibilita la circulación del conocimiento registrado mediante estrategias de transmisión de información y de formación de usuarios de dicha información, para optimizar el uso de esta en tanto que es insumo para la generación de nuevo conocimiento.

En la actualidad, el espíritu de la época nos permite ampliar un horizonte promisorio en el que la biblioteca se concibe como espacio del saber y lugar de encuentro, como entorno de libertad de movimiento y acción intelectual, en el que es posible circular, leer, descansar, conversar y concentrarse en la lectura del mundo cuando se quiera, como se quiera y todo el tiempo que se quiera.

En síntesis, la biblioteca como institución social tiene la responsabilidad de contribuir a la formación de ciudadanía, ofreciendo a su comunidad la libertad de informarse y el acceso al conocimiento, para que los sujetos que la integran tengan posiciones políticas y éticas fundamentadas racional e intersubjetivamente, es decir, que puedan deliberar, participar y tomar decisiones justas y correctas.

Si la biblioteca pretende contribuir (junto con la escuela y los medios de comunicación) a la formación de la autonomía de los ciudadanos, ha de plantearse la búsqueda de estrategias ético-políticas para posibilitar e incrementar tal autonomía en la población, lo que implica incrementar la cobertura del acceso y uso del conocimiento registrado, el más preciado de los bienes culturales de toda sociedad.

[1] SHERA, Jesse. Los fundamentos de la educación bibliotecológica. México: UNAM, CUIB, 1990.
[2] Chubarian, O. S. Bibliotecología general. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1981.

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